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El sistema sanitario español arroja en los últimos años resultados muy positivos en términos del estado de salud de los españoles. Sin embargo, lejos de cualquier complacencia, es necesario reconocer que muchos y complejos factores condicionan el funcionamiento estable del sistema y ponen en peligro su sostenibilidad a medio plazo, entendiendo ésta no sólo desde el punto de vista del coste, sino también de su calidad y accesibilidad.
Nuestro sistema adolece de problemas específicos ya presentes, como la descoordinación entre las administraciones públicas competentes en la materia o el insuficiente desarrollo de la prevención. Sin embargo, de los tres ejes típicos de cualquier sistema sanitario, coste, calidad y accesibilidad, es en este último donde los problemas son mayores, como ponen de manifiesto las listas de espera y el creciente descontento que generan.
Además de las peculiaridades que se producen en nuestro caso, el sistema sanitario español se enfrenta a unos retos comunes con los que ya se están planteando en otros países desarrollados. Son fenómenos que inciden notablemente sobre su sostenibilidad y sus efectos no se harán esperar.
En primer lugar, la aparición continua de avances tecnológicos presenta importante retos, no sólo desde el punto de vista estrictamente financiero, sino por la dificultad de aplicar criterios de eficacia y eficiencia a las decisiones de incorporación de esos avances. En ausencia de estos criterios, el sistema tenderá a entrar en una espiral de la tecnología por la tecnología que hará inviable su financiación.
También la investigación en medicamentos ocasiona presiones para el sistema. Por un lado, la generación de nuevos medicamentos es cada vez más costosa; por otro lado, fenómenos como la mayor prevalencia de enfermedades crónicas o el aumento de la esperanza de vida son fuente de incremento del gasto farmacéutico.
A estos factores hay que sumar la propia sofisticación de la demanda de servicios sanitarios, impulsada por una sociedad más exigente en salud cuanto más se desarrolla y por una mejora generalizada de las fuentes de información a que tienen acceso los pacientes.
Todo ello, junto con las consecuencias de tener una población crecientemente envejecida, origina dificultades para un sistema sanitario que no podrá seguir siendo sostenible en su configuración actual.
Debe señalarse no obstante que no se trata de minimizar el coste total de la sanidad, sino de asegurar la sostenibilidad y la calidad del sistema. La situación del sistema sanitario español no es una situación única. De hecho, muchos países desarrollados han emprendido procesos de reforma que tratan de afrontar con éxito los retos que los fenómenos descritos, reales o potenciales, ya están planteando. Y teniendo en cuenta la complejidad de la situación la receta para tratarla es asimismo, compleja.
- La aplicación de nuevas tecnologías, como la implantación de una tarjeta sanitaria electrónica única y compatible en todo el territorio nacional, conduciría a mejorar el acceso a los servicios reduciendo simultáneamente su coste de provisión.
- También la informatización de los sistemas de gestión del historial clínico supone una mejora posible gracias a la tecnología. Con ella podría compartirse la información, mejorar la asistencia y liberar recursos evitando, por ejemplo, la repetición innecesaria de pruebas.
- La telemedicina es otro de los instrumentos que permiten reducir costes y mejorar servicios sanitarios, puesto que permite trasladar al domicilio del paciente parte de la atención médica primaria o, incluso, hospitalaria.
- Hay además instrumentos de mejora de la gestión, como la concertación público-privada, que permite aplicar criterios de gestión privada a servicios financiados con recursos públicos.
- Cabe también introducir mecanismos de competencia que aumenten la libertad de elección de los pacientes, desarrollando simultáneamente indicadores de calidad que les proporcionen la información necesaria para elegir.
- La mayor eficiencia pasa también por aplicar una visión integrada de la atención, desarrollando equipos pluridisciplinares que permitan atender adecuadamente dolencias que pueden tratarse en un entorno sociosanitario.
- Otro aspecto esencial es la coordinación entre administraciones públicas, lo que posibilitaría aprovechar las economías de escala, mejorar algunos aspectos de calidad y generar información de mayor valor y utilidad.
- Un último elemento de incremento de la eficiencia es la potenciación de la prevención y de la adopción de hábitos saludables, lo que contribuiría a racionalizar el gasto sanitario.
La introducción de estos cambios puede tener una naturaleza gradual, de manera que pueda ir afectando progresivamente al sistema, pero no puede retrasarse, puesto que ello restaría capacidad de maniobra y nos abocaría a soluciones traumáticas. El transcurso del tiempo y la materialización plena de algunos de los retos pondrán de manifiesto si estas reformas parciales son suficientes o si, por el contrario, deberemos diseñar un sistema sustancialmente diferente al que conocemos hoy.
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