Presupuestos Generales del Estado 2005; ¿Un cambio de modelo?
- Publicación: 01 / 10 / 2004
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Descripción
Los Presupuestos Generales del Estado para 2005 (en adelante, PGE2005) son los primeros que se presentan en la nueva legislatura y tienen, por lo tanto, caracteres distintivos importantes en relación con los anteriores, proclamándose como unos presupuestos para cambiar el modelo de crecimiento. No obstante, tal vez sean más los trazos que los entroncan con los anteriores, ahondando en las características de los presupuestos precedentes, tanto en lo bueno como en lo malo.
La formulación de la filosofía y de los objetivos es en los PGE2005 similar -mejor, acaso- que en los presupuestos anteriores. Se mantiene el énfasis en uno de los mayores logros alcanzados en la pasada legislatura como es el mantenimiento del equilibrio presupuestario, se insiste en la necesidad de proseguir con las reformas estructurales para liberalizar y, así, dinamizar sectores protegidos, se expresa la intención de reforzar los mecanismos y la eficacia en la defensa de la competencia, y se añade con mayor vigor el objetivo de alcanzar mayores aumentos en la productividad. Todo ello enlaza con, e incluso mejora, lo formulado en presupuestos anteriores. Lo mejora, sin duda, en la eliminación de la ley de Acompañamiento.
Pero los PGE2005 también comparten con sus predecesores muchas de las características menos afortunadas, señaladas en su momento por el Círculo de Empresarios. Y, como en el caso de la filosofía y los objetivos, también estas características menos afortunadas se amplifican en los PGE2005 en relación con sus predecesores. Comparten con sus predecesores la previsión de elevadas tasas de crecimiento del gasto en epígrafes en los que la eficacia del gasto público y, por lo tanto, la utilidad y la oportunidad de esas elevadas tasas de crecimiento es cuestionable. Ejemplo de ello es el fuerte aumento previsto en los PGE2005 para el gasto en la política de vivienda.
Comparte con ellos, asimismo, unos elevados volúmenes de inversión pública en proyectos cuya eficiencia y rentabilidad sociales, no han sido suficientemente estudiadas ni demostradas.
Y comparte, por último, elevados créditos y tasas de crecimiento en algunos epígrafes de lo que se denomina “gasto social”, tales como las dotaciones para incapacidad laboral o la dotación para desempleo, que continúan reflejando en los PGE2005 tasas de crecimiento que no guardan sintonía con los factores (salud, accidentalidad, desempleo, etc.) de los que dependen. En otros epígrafes, como las políticas activas de empleo, las tasas de crecimiento no se corresponden con su efectividad, control y resultados. Y en otros, como las pensiones, se observan en los PGE2005 los mismos trazos básicos que en años anteriores, tales como la tasa de revaluación en el entorno del IPC, el incremento relativo en las pensiones mínimas, y la consiguiente continuación del cierre del abanico al acercarse las pensiones medias y máximas a la mínima.
Así pues, los PGE2005 comparten con sus predecesores muchos rasgos, buenos y malos, generalmente aumentados. Precisamente por ello, el balance de la comparación con los presupuestos anteriores no es favorable a los PGE2005, por cuanto las mejoras se concentran en la filosofía mientras que aquello que deriva a peor se concentra en las cifras.
Existe pues, en los PGE2005, una cierta falta de correspondencia entre la filosofía y los objetivos, por un lado, y las cifras presupuestadas y los propios antecedentes de actuación del Gobierno, por otro, de lo que se desprende la impresión de que los PGE2005 han terminado por dar acomodo a unas cifras de gasto más abultadas que las previstas al redactar su filosofía y objetivos. El hecho de que estos presupuestos lleguen al Parlamento sin haber asegurado aún una mayoría suficiente para su aprobación tiende a reforzar esa impresión, a la vez que hace temer que se profundice.
Se desprende, asimismo de los PGE2005, la impresión de que han debido también acomodarse las cifras de ingresos –y la base de crecimiento económico de la que derivan- con objeto de mantener un saldo equilibrado en las Administraciones Públicas a pesar de la inflación de los gastos.
Autor
Círculo de Empresarios
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