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En España, la presentación de los Presupuestos Generales del Estado representa una de las más importantes citas anuales para nuestra economía. Estos presupuestos son el principal de los documentos de política económica porque, entre otras razones, definen la política fiscal en un contexto en el que se carece de autonomía en los ámbitos monetario y cambiario.
El Proyecto de Presupuestos Generales del Estado para el ejercicio 2007 (PGE-2007) se encuadra en un marco internacional de gran dinamismo económico, con muy notables aumentos del volumen del comercio y la producción mundiales. No obstante, este positivo panorama internacional se ve ensombrecido por el mayor riesgo de una desaceleración económica significativa durante el próximo año, posibilidad acrecentada por fenómenos diversos –ralentización del crecimiento estadounidense, persistentes desequilibrios macrofinancieros, repunte de las tasas de inflación y fracaso de las negociaciones de la ronda de Doha-. Por su parte, la economía española podría mantener un crecimiento cercano al 3%, si bien más moderado que en años anteriores.

Fernando Eguidazu Presidente del Comité de Política Económica del Círculo de Empresarios
En este entorno de oportunidades (fuerte crecimiento mundial) y riesgos, el Proyecto de PGE-2007 parece responder a un planteamiento excesivamente vinculado a la vertiente política y no tanto a la adopción de medidas con las que hacer frente a los retos que se presentan a nuestra economía. Es cierto que la transferencia de competencias a las Administraciones Territoriales y los compromisos presupuestarios previos recortan el margen de acción del Estado. Pero es igualmente verdad que se ha preferido hacer un uso aún más limitado de esa capacidad de influir sobre el devenir de la economía española a través del saldo presupuestario, el volumen de gasto y la composición del Presupuesto. Nos encontramos como resultado con que la línea de política económica en que se inscriben los PGE-2007 no es, en nuestra opinión, la que demanda la economía española, cuyo principal problema radica en una pérdida estructural de competitividad que sólo puede resolverse con reformas de calado. Varias razones justifican esta afirmación:
• La coyuntura española es buena pero el modelo se agota, y además esto ocurre en un escenario internacional en que aumentan los riesgos. El crecimiento real se mantiene en España por encima del 3% anual, pero lo hace de manera desequilibrada: fuerte impulso de la demanda nacional, agravamiento del déficit exterior, inflación muy por encima de la tasa compatible con la estabilidad de precios, fuerte endeudamiento de los hogares y lentísimo avance de la productividad.
• En consecuencia, la política económica debería aspirar, en el corto plazo, a la estabilidad macroeconómica (contención del gasto) y, en el medio y largo plazo, a establecer las bases para un cambio de modelo (reformas estructurales). Ambos objetivos requieren medidas inmediatas. Sin embargo, estos objetivos no parecen guiar la política fiscal que se perfila en los PGE-2007 porque:
- No responde al carácter estabilizador que debería y podría mostrar. El objetivo de superávit presupuestario (0,2% del PIB para el Estado y 0,7% para las Administraciones Públicas) no es lo suficientemente ambicioso, de modo que, a corto plazo, no significa una verdadera contención del gasto agregado y, a largo plazo, compromete la estabilidad de las cuentas públicas.
- Contemplan un incremento notable del gasto no financiero, equivalente al crecimiento nominal de la economía (6,7%). Conllevan además un mayor gasto estructural no productivo, esto es, incluyen un incremento de partidas de gasto corriente que generan compromisos permanentes, condicionando la futura estabilidad fiscal sin contribuir a la mejora de la competitividad. De esta forma se ahonda en los problemas originados por la ausencia de reformas estructurales. Y aunque la asignación de mayores fondos a partidas vinculadas con el impulso a la productividad –educación, I+D+i, infraestructuras, etc.- es un paso en la dirección correcta, un avance mayor pasa inexorablemente por tales reformas estructurales.
- Estos presupuestos responden en gran parte a un enfoque cortoplacista, que es evidente, por ejemplo, en la Reforma Laboral para la conversión de contratos temporales en indefinidos. Existen condicionantes políticos (Elecciones Autonómicas y Municipales en 2007 y Generales en 2008) que priman sobre los económicos, imponiendo así un horizonte temporal más corto a la política económica del que convendría para lograr el necesario cambio de modelo, con el consiguiente coste de oportunidad. En definitiva, se retrasan las reformas necesarias por lo que aumenta su coste potencial en el futuro, cuando la coyuntura puede no resultar tan favorable como hoy.
- Tampoco en el ámbito de las Administraciones de la Seguridad Social, más concretamente en el sistema de pensiones, se acometen las transformaciones imprescindibles para permitir su sostenibilidad en un futuro cada vez más cercano, cuando las variables demográficas ejerzan una mayor presión. El superávit de estas Administraciones para 2007 y el consiguiente crecimiento del Fondo de Reserva de Seguridad Social son buenas noticias pero, desgraciadamente, son de carácter transitorio e insuficientes ante la magnitud de una deuda implícita que podría poner al sistema en graves dificultades financieras en un plazo de 15-20 años.
En conclusión, y abundando en nuestro comentario del pasado año con respecto a los presupuestos entonces en discusión, con el Proyecto presentado por el Gobierno se ha perdido de nuevo la oportunidad de aprovechar la fase alcista del ciclo para adoptar las medidas de ajuste que precisa la economía española de cara a asentar un modelo de crecimiento más competitivo. Los cálculos electorales y el corto horizonte del ciclo político se han impuesto a los argumentos de solidez y eficiencia económica. El precio a pagar en un horizonte temporal corto puede ser el de un agravamiento de los desequilibrios en el actual entorno de dinamismo de la economía, y/o el de un ajuste brusco con mermas notables en las tasas de crecimiento.
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- Artículo de María Jesús Valdemoros, Directora del Servicio de Economía Cuantitativa del Círculo de Empresarios
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