Los PGE-2006: Optimistas en el ingreso y generosos en el gasto.
- Publicación: 01 / 10 / 2005
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Descripción
El proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2006, prevé un objetivo de superávit del 0,2% del PIB para el conjunto de las Administraciones Públicas en 2006. El Estado presentará un déficit del 0,4% del PIB que será conjugado con el saldo positivo de la Seguridad Social (0,7% del PIB).
Estos resultados presupuestarios viene enmarcados por unas previsiones macroeconómicas de mantenimiento del ritmo de crecimiento de la economía por encima del 3%. Parece así que nos encontramos ante un presupuesto a todas luces poco ambicioso, que dedica al gasto gran parte del fuerte incremento esperado de los ingresos y de forma más destacada al gasto corriente. Además, renuncia a seguir la filosofía de la reforma de las leyes de estabilidad presupuestaria presentada por el propio Gobierno.
Por su parte, el cuadro macroeconómico parece en exceso optimista tanto en su previsión de crecimiento real para el año que viene como en su composición. Se prevé una inmediata corrección de la inflación, así como del principal desequilibrio de la economía española: el sector exterior. Sin embargo, los escasos niveles de crecimiento y tímidas recuperaciones de nuestros principales socios comerciales y la pérdida de competitividad que estamos sufriendo no permiten esperar grandes mejoras en ese ámbito.
Por otra parte, las previsiones de ingresos parecen agotar todos los márgenes derivados del crecimiento económico, lo que eleva el riesgo de incumplimiento de los objetivos presupuestarios. Por tanto, si el crecimiento económico fuera menor del esperado o el mercado de trabajo mostrara menor dinamismo, se incrementarían las probabilidades de que las cuentas públicas incurrieran en déficit. Desde el punto de vista del gasto público, cualquier análisis requiere dos matizaciones previas: la cesión de competencias a las Comunidades Autónomas (CCAA) ha reducido notablemente la información sobre el volumen de recursos dedicado por el conjunto de las Administraciones Públicas (AAPP) a una determinada política (los Presupuestos Generales del Estado contienen sólo un cuarto del gasto público total). Asimismo, se analiza la propuesta presentada por el Gobierno que, como es evidente, puede ser modificada sustancialmente durante el proceso de su aprobación en las Cortes.
En términos agregados, el gasto del Estado se eleva notablemente, absorbiendo íntegramente los fuertes aumentos de recaudación previstos. Además de su efecto macroeconómico ya comentado, esta estrategia permite incluir aumentos en partidas de muy dudosa eficacia, como por ejemplo las transferencias para la adquisición de vivienda. En efecto, la decisión de incrementar el gasto dedicado a una determinada política no significa en absoluto que vayan a alcanzarse los objetivos perseguidos, puesto que en muchos casos el origen del problema no se sitúa en la insuficiencia de gasto, sino en problemas de funcionamiento de un determinado mercado (vivienda) o en la ausencia de reformas necesarias e incentivos adecuados. En el caso de la educación, entre otros, el fomento del esfuerzo, trabajo en equipo...
Por tanto, se echa de menos una mayor ambición en el ámbito de las reformas estructurales, que son las que tienen la capacidad de resolver problemas de gran calado, como los que se manifiestan a través del fuerte déficit corriente y la paulatina pérdida de competitividad de nuestra economía.
Autor
Círculo de Empresarios
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