España ante el nuevo paradigma de la competitividad
- Publicación: 01 / 07 / 2005
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Descripción
La evolución de la Balanza de Pagos pone de manifiesto la existencia de un desequilibrio entre los sectores exterior e interior de la economía española. No se trata de un fenómeno coyuntural, sino que es una manifestación de un problema estructural de competitividad, entendida ésta como la capacidad de nuestra economía de generar prosperidad de manera continua en el tiempo.
A lo largo de las últimas décadas, la posición competitiva española se ha visto condicionada por las diversas etapas de internacionalización asociadas al proceso de integración europea. A ello debe añadirse la incorporación activa a la economía mundial de grandes países como China o India y la globalización. Así, factores como la caída de los costes de comunicaciones y transporte en el mundo, la reducción de aranceles o la revolución tecnológica han traído consigo un cambio sustancial en la forma en que compiten las empresas. Se ha agudizado el fenómeno de la desintegración de la cadena de valor, que permite que las empresas puedan establecer cada segmento de su actividad en el lugar del mundo en que ésta se realice de la manera más eficiente. La fragmentación afecta a los sectores manufactureros, pero también, y de manera creciente, a los servicios y se está extendiendo a múltiples áreas geográficas. España no está al margen de estas tendencias y ya se han dado ejemplos de fragmentación de la producción de empresas españolas.
Si bien es cierto que nuestro país ha sabido enfrentarse con éxito a los retos exteriores que se han planteado, la adaptación a este nuevo entorno exige llevar a cabo profundas reformas en muy diversos ámbitos.
En efecto, no nos encontramos ante un problema coyuntural ni tampoco cabe esperar que el modelo de crecimiento de las últimas décadas pueda prolongarse indefinidamente. España ya no puede seguir compitiendo mediante costes laborales más reducidos o vía precios, sino que debe abordar un cambio de modelo que se acerque al de los países más dinámicos del mundo.
En él los principales instrumentos de competitividad son el conocimiento y la innovación, factores ambos de los que nuestro país está insuficientemente dotado. Son los factores que permitirán a las empresas explotar las oportunidades de mercado e internacionalizarse, maximizando así las ventajas que ofrecen las nuevas formas de organización empresarial.
Pero para ello es necesario que la sociedad española sea consciente del enorme reto al que se enfrenta y asuma la necesidad de abordar reformas en ámbitos muy diversos.
Es preciso garantizar la estabilidad macroeconómica y mejorar la estructura impositiva, así como abordar el problema de la carga regulatoria, que afecta negativamente a la productividad y que, en nuestro caso, se ve agudizada por la coincidencia de diversas administraciones regulando sobre los mismos ámbitos y elevando el riesgo de ruptura de la unidad de mercado.
Por otra parte, la innovación sólo es posible si se dispone de instrumentos que permitan mejorar la forma de organización empresarial e incrementen la productividad. Para alcanzar ambos objetivos se deben introducir mayores dosis de flexibilidad en el mercado de trabajo, eliminando las trabas existentes a que cada empresa se organice de la manera más eficiente posible.
Además, en este nuevo entorno adquiere gran relevancia la generación de capital humano (desde la educación a la formación ocupacional), puesto que se requieren personas con conocimientos sólidos y capacidad de adaptación. Asimismo, dado que el conocimiento sólo se genera en red, han de desarrollarse estrategias de colaboración entre diversos agentes (empresas, universidades, otras instituciones...) con vocación de medio plazo. Se trata, en suma, de potenciar la capacidad de innovar, puesto que el mero aumento de la inversión en I+D no garantiza que se produzcan avances equivalentes en la sociedad del conocimiento.
Si se crea un entorno en que puedan desarrollarse el conocimiento y la innovación, España continuará siendo un lugar en el que las empresas encuentren ventajas comparativas de localización. Además, las empresas españolas también percibirán que la internacionalización de la producción no es sino una oportunidad para mejorar su capacidad de competir.
Autor
Círculo de Empresarios
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