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12/12/2002 - Las Bases de la Modernización de la Economía Española.

Autor/es:
Vicente Boceta Alvarez

Ponente/es:
Vicente Boceta Alvarez

Lugar:
ASOCIACION DE LA PRENSA DE MADRID

Simposio Internacional
LA MODERNIZACIÓN DE LA ECONOMÍA ESPAÑOLA
Organizado por FUNDACIÓN DIALOGOS

Ponencia:
LAS BASES PARA LA MODERNIZACIÓN DE LA ECONOMÍA ESPAÑOLA

Intervención de:
Vicente Boceta Alvarez
Secretario General
CÍRCULO DE EMPRESARIOS

Madrid, 11 y 12 de diciembre de 2002
ASOCIACION DE LA PRENSA DE MADRID
Claudio Coello, 98

En primer lugar, convendría definir lo que se entiende por modernización económica ya que probablemente cada persona, en función de su formación económica o profesional, entienda una cosa diferente. Por mi parte, entiendo como modernización económica, el proceso por el que una economía mejora paulatinamente su bienestar económico, social y humano. La definición es suficientemente vaga y genérica como para que quepa cualquier enfoque.

Existen muchos índices para medir los resultados de la modernización del país (índice de desarrollo humano, esperanza de vida, alfabetización, mortalidad infantil y un largo etc.) pero quizá los más efectivos comúnmente son los de crecimiento económico y creación de empleo. Voy a considerar entonces estos dos índices como los objetivos de una política de modernización económica para un país. (GRÁFICO 1)

La clave, a mi entender, está en cambiar de forma radical el objetivo de la política económica que, bajo el paradigma del pensamiento único socialdemócrata (PUS), es el que se está aplicando en casi todos los países del mundo tras el breve interregno conservador-liberal de Thatcher y Reagan. En dicho interregno se sanearon los desastres de las políticas socialistas al uso y se sentaron las bases que permitieron que las nuevas políticas socialdemócratas (3ª vía de Blair, conservadurismo de Aznar o socialdemocracia pura y dura de Schröder) pudieran aplicarse.

De hecho, tras la caída del Muro de Berlín el 11/9 (fecha opuesta curiosamente a la del 9/11) pareció que la racionalidad económica política y social se iba a instalar en Europa y se iba a optar decididamente por un modelo más o menos liberal que lograra incrementar el crecimiento económico, el empleo y el bienestar, una vez liberadas nuestras economía de las ataduras de las economías socializadas.

No fue así y se habla cada vez con mayor frecuencia de gobierno mundial, de gobierno mundial de las empresas, de intervencionismo global en los mercados de trabajo, en la ecología, en los sistemas fiscales y en un larguísimo etc.

El objetivo actual de esa política económica social-demócrata no es otro que el de, a través de un enfoque redistributivo e intervencionista, desarrollar y acrecentar el actual Estado de Bienestar que está conduciendo a Europa a una esclerosis que frena el proceso de modernización descrito. Es preciso por ello dar un giro de 180° y hacer de la empresa y el mercado el núcleo y objetivo de la política económica.

Se enfrenta la empresa a una doble tensión: satisfacer las necesidades de los ciudadanos proporcionándoles los productos o servicios que quieren, cuando ellos quieren, como ellos quieren, con la calidad que ellos quieren y al menor precio posible; a la vez, es preciso reducir al máximo los costes de utilización de los distintos recursos y organizarlos de forma eficiente para poder así maximizar la cantidad residual que no es otra que el beneficio. Este permitirá al empresario, tanto invertir para mejorar o descubrir nuevas formas de producir esos bienes (procesos), como para mejorar los propios productos o crear otros nuevos superiores a los anteriores.

Los beneficios generan, a través de nuevas inversiones, la acumulación de capital en la economía, el crecimiento de las empresas y la creación de nuevas empresas.

A lo largo de este proceso se genera crecimiento económico, empleo y, desde el punto de vista de la economía en general, se obtienen salarios, se pagan impuestos y se eleva el bienestar a los ciudadanos. Todo depende por lo tanto de la actividad empresarial. Por ello, cuanto más eficiente e innovadora ésta sea, mayor será la modernización económica del país.

Por lo tanto, la clave del arco que sustenta la demanda de bienes y servicios, por un lado, y la utilización de los factores de producción por otro, es precisamente la empresa. Más en concreto, la base de la institución empresarial es lo que yo entiendo como capital empresarial. Este se compone del capital humano, del capital físico, del capital financiero y del capital directivo. La modernización de una economía pasa por la acumulación y mejora constante de esos cuatro capítulos. Toda política económica que frene o entorpezca su desarrollo, con toda la buena intención del mundo, lejos de favorecer la modernización económica estará produciendo un anquilosamiento o arterioesclerosis productiva que es lo que, en mi opinión, atenaza a Europa.

Se trata por lo tanto de que la política económica que adopten los gobiernos tenga como objetivo primario y fundamental impulsar la actividad empresarial e incentivar el crecimiento de los factores de modernización de las empresas, y de esa forma mejorar el bienestar de todos los ciudadanos.

Recurro para ello a un esquema que, como todos ellos, es simplista pero que me sirve de apoyo para subrayar los siete puntos o factores básicos para la modernización de la empresa y, por tanto, de la economía. (GRÁFICO 2)

El capital humano no es otra cosa que los conocimientos adquiridos y aplicables al proceso productivo, tras ellos se encuentra todo el proceso educativo en sus distintas etapas y la experiencia profesional. Que el capital humano no es suficiente se demuestra al observar lo ocurrido en los países del Este. Existía una elevada capacitación de todos los trabajadores y, sin embargo, no se producía suficiente crecimiento ni bienestar y se vivía en una sociedad absolutamente atrasada y anestesiada.

El capital físico, que no es sólo maquinaria sino también capital científico y tecnológico, es también producto de un sistema educativo y de la aplicación del capital humano existente dentro de la empresa y en instituciones ajenas a ella, como son universidades e institutos de investigación.

El capital financiero viene a ser el lubricante que permite en el tiempo asignar de forma fluida los recursos productivos a sus distintos usos.

Finalmente, el capital directivo, que yo diferencio del capital humano, es esa capacidad innata o adquirida del empresario para detectar oportunidades de mercado o demandas insatisfechas de la sociedad y asumir el riesgo de satisfacerlas. Si miramos a los países del Este o a otros países con fuerte tradición socialista, es el más escaso y lo que ha conducido precisamente al fracaso de dichos países. Es un capital muy sensible a un entorno económico y político hostil y a la vez es el producto de un sistema educativo y del sistema de valores existentes en la sociedad, valores que incentivan y favorecen unas actitudes frente a otras.

La suma de esos cuatro capitales es lo que constituye el capital empresarial representado por el empresario. Es decir, la persona capaz de organizar y dirigir las fortalezas y debilidades internas de los cuatro capitales citados. Es más, en el seno de las empresas dinámicas suelen aparecer internamente personas con la suficiente formación para, si el sistema fiscal no lo impide, crear nuevas empresas.

Desde el punto de vista de los costes aparecen en el gráfico los factores de producción o inputs que entran en los procesos de fabricación de productos o servicios. Dichos factores hay que obtenerlos en unos mercados en los que se forma el precio que determinará su asignación entre distintas empresas o incluso, dentro de cada empresa, entre distintas funciones.

Del otro lado del gráfico nos encontramos igualmente con unas necesidades sociales que la empresa debe satisfacer ofreciendo los productos y servicios adecuados. Naturalmente esos productos y servicios se entregan a los precios que en cada momento determinen los mercados.

El residuo, tras la venta de productos y la compra, utilización y coordinación de los factores de producción, son los beneficios.

Sin embargo, en esas tres etapas inciden de forma especial las actuaciones de la política económica en forma de regulaciones, impuestos, intervenciones, etc. que afectan a las dotaciones de capital empresarial, a los precios de los factores de producción, a la acumulación y asignación de beneficios o a los precios de productos o servicios finales. Estas actuaciones de política económica, según adopten uno u otro enfoque, van a afectar de forma decisiva a lo que podrían considerarse las siete bases o requisitos para que las empresas puedan modernizarse y con ello, construir una economía moderna y dinámica.

Paso por ello a continuación a comentar brevemente esos siete principios básicos para la modernización económica de los que he hablado:

1. Educación. El sistema educativo de un país constituye a mi modo de ver la condición clave y necesaria para que toda la sociedad elija un camino de modernización en todos sus actividades. Quizá fuera más propio hablar de “cultura fundamental” pues de ella depende la escala de valores que cualquier sociedad democrática se da a sí misma. En este sistema, hasta la entrada en la universidad, se sientan los cimientos en los que después va a crecer la actividad profesional, social y humana de las personas. En este periodo se acumula un capital humano sobre el que va a cimentarse toda esa construcción posterior del complejo y vivo edificio que es la persona humana.

En este ámbito, España tiene una de las lagunas fundamentales ya que los principios básicos que se transmiten a nuestros menores de 10 a 18 años van construyendo una escala de valores opuesta a lo que conduciría a la modernización económica. Los principios económicos básicos están más cerca de la economía marxista o socialista que del concepto liberal. El principal énfasis está en la regulación e intervención de unos mercados que tienden a ser malos por lo que unos políticos o funcionarios, siempre benefactores e inteligentes, deben regularlos. La figura del empresario en lugar de aparecer como el responsable principal que hace de la empresa la fuente creadora de riqueza y empleo, suele tener connotaciones negativas y se le presenta como explotador de los productores, medio ambiente o consumidores. Hay libros de texto en los que la figura de un empresario, por otra parte no modélico, como el Marqués de Salamanca, se describe con negros tintes de perversión mientras que, un poco más adelante, a la Sra. Ibarruri se la presenta como una luchadora por la libertad.

En nuestra educación primaria, secundaria y bachillerato no suelen transmitirse los principios característicos de lo que es la libre empresa y el libre mercado. Se presta una gran atención a las políticas redistributivas antes que a las creadoras de riqueza, o a la defensa de criterios de seguridad, antes que a la asunción de riesgos. Se tiene verdadero miedo a la libertad y se subraya por el contrario la necesidad de control del mercado y de las actividades privadas. Se prefiere la adopción de reglas rígidas en lugar de premiar las virtudes de adaptación y flexibilidad. Se condena al consumo, casi siempre tachado de consumismo depredador de las riquezas naturales, y se ridiculiza la capacidad del mercado de ofrecer lo que el consumidor quiere. Se contemplan las riquezas naturales como una cantidad fija y se desprecia el ingenio y la capacidad del ser humano para encontrar nuevas vías de utilización de dichas riquezas naturales. Se frena de hecho la investigación prefiriendo poner de relieve las posibles consecuencias negativas de dicha investigación.

Es decir, nos encontramos con una educación primaria y secundaria que conduce a crear sociedades anquilosadas, miedosas, menos libres y más preocupadas por repartir que por crear riqueza.

Por ello, considero que la primera base para modernizar nuestro país pasa, al igual que en los textos de historia, por una revisión de los textos de economía, geografía, etc. que permita que nuestros hijos y nietos puedan evaluar distintas alternativas, entre ellas la de la de libertad de mercado. Esto pasa ineludiblemente por la liberalización de la escuela apostando decididamente por la libertad de educación que sólo puede conseguirse plenamente mediante una política de cheque escolar en función de los ingresos familiares que permita realmente la libre elección de escuela a los padres y obligue a escuelas y maestros a competir ofreciendo mejor calidad.

El resumen de ese cambio cultural imprescindible para la modernización económica y social de un país, puede plasmarse en el siguiente (GRÁFICO 3)

2. Investigación y Formación. Tras el proceso de educación primaria y secundaria, la sociedad debe ofrecer vías alternativas de desarrollo a nuestros jóvenes, ya sea a través de la formación profesional, de los estudios intermedios o de los grados superiores, licenciaturas, ingenierías, doctorados, etc.

En cualquier caso, tras los cimientos implantados en esa primera etapa, es preciso iniciar una política de fomento de la calidad, de la excelencia, y de premio al mérito y a la obra bien hecha. El primer requisito es la implantación de un proceso de selección exigente y también la liberalización de la enseñanza universitaria, permitiendo la total competencia entre universidad pública y privada, garantizando en cualquier caso, a través de una política de becas o de créditos, que ninguna inteligencia se malogre por falta de medios económicos. Y esto hay que hacerlo en todos los ámbitos superiores, desde la F.P. hasta el doctorado. No acabo por ello de entender, o quizá lo entiendo demasiado bien, la oposición frontal a una tímida ley de reforma como la propuesta por la actual Ministra de Educación.

Sin embargo, no basta con esta reforma si falla la conexión universidad-empresa-institutos de investigación, tanto para promover la investigación básica como la aplicada.

Por todo ello, la empresa cometería hoy día un gran error si se centrara únicamente en la reducción de costes e inversiones para obtener unos márgenes elevados. En un mundo cada vez más competitivo es imposible aumentar los beneficios a largo plazo (objetivo principal de toda empresa) disminuyendo las inversiones. Precisamente las competencia internacional exige que la empresa realice mayores inversiones, especialmente en I+D+i. Cualquier política de gobierno debe orientarse a favorecer la inversión en todo tipo de capital y a incentivar la asunción de riesgos. El lema fundamental de las empresas de hoy debería ser Invertir, Investigar, Innovar (3 I) …. o morir.

Por lo tanto, la segunda base de modernización debe ser la de liberalizar la enseñanza universitaria, apoyando los procesos de selección exigentes e incentivar, a nivel empresarial, la investigación, el desarrollo y la innovación y su conexión con los centros de investigación universitarios.

3. Un tercer punto para crear una sociedad española moderna es el de extender el mercado de capital-riesgo de forma que también cubra a las pequeñas y medianas empresas. Curiosamente, hoy es difícil que una empresa de capital-riesgo entre en proyectos inferiores a 100 millones de pesetas (600.000 Euros).

4. Para acabar con el lado izquierdo del gráfico, la cuarta base de modernización de la empresa pasa por lograr una liberalización a fondo de los principales mercados de factores de producción.

No se puede tener una energía más cara que nuestros competidores por aceptar el chantaje de los ecólatras y renunciar a la energía nuclear …. mientras nuestros vecinos la tienen en abundancia.

No se puede mantener un mercado del suelo sujeto a lo que podría llamarse una planificación de tipo soviético en el que la propiedad privada de dicho factor productivo no existe pues es una concesión administrativa, local o autonómica,. En el mercado de viviendas de alquiler, es necesario también volver a un enfoque basado en la libertad contractual y seguridad jurídica en la línea del Decreto Boyer.

Es asimismo urgente crear un mercado para “inputs” como, por ejemplo, el agua. Esta debe poder ser asignada correctamente a los distintos cultivos o usos y abandonar la idea planificadora basada en el cálculo de excedentes y déficits, haciendo caso omiso del mercado, que es el único capaz de marcar unos precios que transmitan las señales adecuadas de escasez o abundancia a empresarios y consumidores.

Del mismo modo, es preciso liberalizar el mercado de trabajo para que los salarios reflejen las ganancias de productividad y la capacidad competitiva de cada empresa, a través de la descentralización de la negociación colectiva, del abandono de la ultraactividad o de la disminución de los costes de despido al nivel medio europeo. Todo ello con el objetivo de aumentar el empleo y los contratos indefinidos.

Estos son cuatro ejemplos de reformas estructurales básicas para modernizar los mercados de factores de producción que permitirían aumentar la competitividad de las empresas y una mejor y más eficiente asignación de recursos escasos. En resumen, mayor eficiencia y crecimiento económico.

5. Está claro que la vía de crecimiento del futuro, como decía al principio, viene de la mano de los avances tecnológicos y del crecimiento de la población trabajadora pero no en sus aspectos cuantitativos sino, sobre todo, en los aspectos cualitativos (capital científico, capital tecnológico, capital humano y capital directivo).

Ahora bien, fijándonos en la parte central del gráfico, para que esos aspectos cualitativos den todo su fruto, es preciso que exista un entorno económico, social y político e institucional que incentive y proteja la actividad empresarial en lugar de frenarla, como a Gulliver, con múltiples hilos de regulaciones e intervenciones en los mercados. Son intervenciones que, tratando de solucionar los llamados “fallos de mercado” cometen otros todavía mayores, pues la inmensa mayoría de las veces los “fallos del Estado” son muchísimo mayores y de más difícil solución que los del mercado.

En este ámbito, sólo quiero resaltar la extrema importancia de la protección de los derechos de propiedad y la garantía jurídica que debe existir para ejercerlos. En la base del trabajo del individuo, de la empresa y del mercado, están los derechos de propiedad y hay que tener un especialísimo cuidado cada vez que simplemente se rozan dichos derechos. (Las enormes dificultades que están presentando las economías del Este, o en Latinoamérica, países como México, se derivan de la inexistencia de derechos de propiedad bien definidos, fundamentalmente sobre la tierra).

No quiero entrar a fondo en la importancia de crear un entorno favorable a la institución empresarial y a la obtención de beneficios pues sería casi objeto de otra mesa redonda pero, sí quiero, centrarme, en el sistema fiscal ya que la actividad empresarial, al igual que los individuos, responde muy bien a la existencia de incentivos. Como suele decirse en economía “los incentivos son importantes”.

Junto con la reforma de todo el sistema educativo, la del sistema fiscal constituye la base de modernización más importante para nuestra economía por su incidencia en la actividad económica, en el empleo y en el crecimiento. Desgraciadamente, apenas, y ello únicamente en estos últimos seis años, se ha abordado tímidamente alguna reforma impositiva sensata.

Pues bien, el sistema fiscal español sigue atenazado y, por lo que se oye al líder de la oposición, estará todavía más atenazado en el futuro, de un complejo de Robin Hood que a lo único que conduce lamentablemente es a disminuir la inversión, el ahorro y, por ello, el crecimiento, el empleo y el bienestar a largo plazo.

Existen como mínimo 8 reformas en este área que se traducirían en un gran incremento de la actividad económica con consecuencias laterales positivas en actividades como la formación o la I+D+i. (GRÁFICO 4)
Los impuestos sobre beneficios o esa reliquia antiempresarial que sigue siendo el IAE (me parece un chiste que las empresas que venden más de un 3 millones de € no puedan estar exentas), lo único que hacen es disminuir el volumen de inversión disponible para acometer nuevos proyectos o para incrementar la actividad de las tres “Ies”.

De igual modo, permanece vigente la imposición sobre el ahorro en cualquiera de sus figuras, plusvalías o dividendos, lo que, además, supone un castigo a aquellas personas que han invertido inteligentemente por su mayor conocimiento del mercado, que es un capital humano que hay que premiar y no castigar (no hablo naturalmente de información privilegiada) Supone, además, una doble imposición, pues los dividendos ahorrados ya han sido previamente gravados en el beneficio empresarial.

Preocupa también, además, que alguien siga con la insensata teoría de que hay que castigar más a las rentas de capital que a las del trabajo cuando, como he dicho más arriba, las primeras son el fruto de haber utilizado correctamente los recursos productivos, entre ellos, la capacidad empresarial y el esfuerzo personal de los trabajadores. Al parecer, es preciso frenar el crecimiento económico y el ahorro, disminuyendo con ello la creación de empleo y la calidad de dicho empleo, con la excusa de rebajar los impuestos al trabajo. Cuanto menos trabajo se cree y más se penalice el ahorro del trabajador, menos incentivos tendrá en su desempeño profesional.

Del mismo modo, considero casi suicida dificultar la acumulación de patrimonio, tanto personal como empresarial, a través de impuestos obsoletos y dañinos para toda la sociedad, para la familia y para la economía. No tiene sentido mantener un impuesto “transitorio” sobre el patrimonio o los de sucesiones y donaciones, figuras heredadas, tanto de la envidia, “principal deporte nacional”, como de economías feudales en las que constituían el único medio de los monarcas absolutos para obtener recursos para sus guerras y mantener a sus ciudadanos en condición de súbditos.

Hoy día, la supresión de estos tres impuestos tendría un incalculable efecto positivo para las clases medias que, gracias a Dios, constituyen ya “el macizo”, no de la raza, que diría Dionisio Ridruejo, sino del pueblo español. Es la acumulación de capital la que permite a las empresas acometer proyectos de suficiente entidad en una economía global. Es la acumulación de patrimonio personal la que permite a los individuos iniciar proyectos empresariales.

Finalmente, el IRPF. Escuché con atención, y un elevado optimismo, un amago de propuesta del Partido Socialista, propugnando un tipo único para el IRPF con un elevado mínimo exento (luego resultó que el tipo único tenía varios tramos), tesis cuyo estudio recomendó el Círculo de Empresarios hace muchos años. Quiero, sin embargo, subrayar el atractivo de esta propuesta que es el de incentivar la actividad económica por la doble vía de la demanda y de la oferta. De la demanda porque los mínimos exentos elevados incentivan el consumo en las clases más desfavorecidas mientras, desde el lado de la oferta, tiene un innegable efecto positivo sobre la tasa de ahorro si se disminuye el IRPF en las clases más elevadas que las estadísticas de todo el mundo demuestran, querámoslo o no, que son las que más capacidad de ahorro tienen. Ahorro que, naturalmente, se filtrará a la inversión y que de alguna forma, hace menos sensible la economía española a la entrada del ahorro extranjero, por otra parte siempre bienvenido. Además, un impuesto de tipo único con mínimo exento elevado lleva implícita una progresividad fiscal en el tipo marginal.

En resumen, la economía española para modernizarse necesita una revolución fiscal en el sentido señalado aunque, desgraciadamente, no parece que los políticos socialistas de todos los partidos, PP, PSOE o CiU, estén dispuestos a hacerlo.

6. Manteniéndonos en la parte central del gráfico, junto a la que es la reforma clave del sistema fiscal existe otro punto de capital importancia para que se pueda dar un salto cualitativo en la economía española en particular o en la europea en general y no es otro que el de la reforma del llamado Estado de Bienestar que supone cada vez una carga más pesada a través de impuestos o cotizaciones sociales sobre las empresas y los individuos. Es una losa que disminuye la capacidad de ahorro de la sociedad, frena la creación de empleo, dificulta la competitividad empresarial y ejerce una presión a la baja sobre los salarios y al alza sobre los costes empresariales.

Me refiero en concreto a la reforma del sistema de pensiones, pues de la reforma de la educación hablé antes. Quiero eso sí volver a subrayar el inmenso ahorro que supondría la implantación del cheque escolar para las familiar con menos capacidad de pago.

En el tema de las pensiones es bien conocida la postura del Círculo de Empresarios de poner en marcha un sistema de tres pilares que previsiblemente elevaría la tasa de ahorro nacional y que con toda seguridad, es decir, no sólo previsiblemente, elevaría el salario percibido por los trabajadores, disminuiría los costes empresariales y aumentaría el empleo.

No quiero entrar en el tema de la sanidad aunque quiero llamar la atención sobre un artículo aparecido en Expansión hace unos días de José Luis Oller-Ariño, sobre las cuentas de ahorro sanitario y el copago, como medios posiblemente aplicables a medio plazo para controlar las solicitudes de asistencia sanitaria de carácter discrecional, de forma que la asistencia universal y gratuita se basara en los casos en los que no exista dicho componente discrecional (apendicitis, etc.). Las cuentas de ahorro sanitario que él propone serían similares a las de un plan de pensiones individual o a la cuenta de ahorro-vivienda. Merecen la pena analizarse.

Se trata en definitiva de garantizar una red básica de seguridad que cubra a todos los españoles a un nivel superior a lo que ahora se considera niveles mínimos, pero dejando a la responsabilidad individual los beneficios superiores a dicha red básica.

7. Finalmente, contemplando el lado derecho del gráfico, quiero referirme a la necesidad de abrir los mercados de productos y servicios en Europa a la competencia internacional. Cualquier tipo de proteccionismo, especialmente el agrario, conduce a unos altos grados de ineficiencia y mala asignación de recursos, recursos éstos que quedarían liberados para inversiones mucho más productivas si, por ejemplo, se eliminara la PAC.

Otro tanto cabe decir del proteccionismo empresarial, tanto en lo que se refiere a subvenciones directas como a regulaciones, normativas, etc. que suponen en el fondo barreras a la competencia internacional. El mercado libre es duro para la empresa pero es lo único que garantiza que éstas se dediquen constantemente a encontrar mejores formas, productos o procesos de satisfacer las necesidades de la sociedad. Es mucho más cómodo vivir en un mercado protegido o regulado que en otro expuesto a la competencia internacional pero es una obligación fundamental de un estado moderno el garantizar que no existan barreras de entrada o de salida en los mercados, ni discriminaciones entre empresas o sectores que siempre benefician a unos a costa de otros.

CONCLUSIÓN

Estas siete reformas básicas para la modernización de la economía española pueden reducirse a 4 grandes reformas:

§ Reforma Educativa y Ciéntifica
§ Reforma Fiscal
§ Reforma del Estado de Bienestar (pensiones, sanidad, educación..)
§ Reforma de Estructuras (trabajo, energía…)

¿Y la empresa?. Es precisamente la destinataria de esas cuatro grandes reformas que le permitirían modernizarse de forma acelerada y con ello conseguir los objetivos básicos: mayor crecimiento, mayor empleo, mayor bienestar para toda la sociedad.

Evidentemente, no he hablado de algunas reformas que, internamente deben llevar a cabo las empresas no tanto para modernizarse ellas mismas como para impulsar la modernización de la sociedad. La conducta ética y transparente en los negocios sería una de ellas ya que, aunque los casos de escándalos representan un número ínfimo dentro de la actividad empresarial, es necesario un esfuerzo especial por parte de toda la clase empresarial para defender la verdadera imagen de este sector.

Igualmente es preciso que el empresariado español pierda el miedo al mercado y, sobre todo, el miedo a la sociedad política. Sigue existiendo un inmenso respeto por la discriminación o interferencia que el sector político, burocrático o de las ONG’s pueda ejercer en la empresa, es decir, sobre la cuenta de resultados. Se acepta por ello como mal menor llevar a cabo una política de apaciguamiento de ese estrato político-burocrático-asistencial (PBA). Se compra seguridad en el desempeño de la actividad empresarial a cambio de aceptar mayores costes, menores beneficios y, en consecuencia, menor crecimiento y menor empleo, pero, eso sí, mayor tranquilidad (se acepta que más vale menos beneficios pero más seguros) y capacidad de previsión (se planifica mejor a corto que a largo plazo).

En mi opinión, sin embargo, cuanto más se ceda hoy en este ámbito, más se incentiva un mayor intervencionismo en el futuro. Por otra parte, se desincentiva la innovación ante la inseguridad de explotar los beneficios en el futuro pues no se sabe qué nueva regulación vendrá impuesta desde ese estrato PBA o qué nuevo “principio de precaución” deberán aplicar en sus investigaciones las empresas más avanzadas en sectores como el farmacéutico o el de biotecnología.

Un tercer punto en el que la sociedad empresarial española debe asumir una responsabilidad especial es en el apoyo y/o creación de nuevas instituciones en el seno de la sociedad civil, orientadas a la difusión y defensa de ideas favorables a la libertad de empresa y a la libertad de mercado. Y esto hay que hacerlo tanto en la universidad como en la enseñanza primaria y secundaria o en el apoyo y creación de institutos de pensamiento o “think tanks” al estilo anglosajón que fueron en su día los que propusieron y lograron, con una actividad constante e incansable a lo largo de 25 años, la aceptación de las ideas llamadas liberales en Inglaterra y en EE.UU.

En conclusión, la modernización de la economía española sólo puede conseguirse haciendo que la política económica se oriente a incentivar el protagonismo de la empresa en el sistema económico; a introducir más y mejores cotas de libertad económica y en resumen a transformar una sociedad social-burocrática en una sociedad civil fuerte y libre.

Modernización Economía

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