Autor/es:
Claudio Boada Pallerés
Lugar:
Hotel NH Eurobuilding
Encuentro ICEX- DIRCOM Martes 30 de Mayo Hotel NH Eurobuilding
La necesidad de la internacionalización: La competitividad como reto pendiente en las empresas españolas
Por Claudio Boada, presidente del Círculo de Empresarios
Sr. Secretario de Estado, Sr. Presidente de Dircom, Señoras y Señores. Es una satisfacción poder exponer ante este auditorio nuestras ideas sobre el tema que se me ha encomendado.
Una de las cuestiones que más preocupan al Círculo de Empresarios es la progresiva erosión de la competitividad de la economía española, en tanto que supone una seria amenaza para el mantenimiento del ritmo de crecimiento de la última década, tal y como comienzan a anticipar las proyecciones macroeconómicas.
La negativa evolución de la balanza de pagos viene poniendo de manifiesto, desde hace ya algún tiempo, la existencia de un desequilibrio entre los sectores exterior e interior de la economía española. No se trata en este caso de un fenómeno coyuntural, sino que es la manifestación de un problema estructural.
En el Círculo de Empresarios entendemos que cualquier análisis de la competitividad de una economía moderna (considerando el término competitividad como la capacidad de una economía de generar prosperidad de manera continua en el tiempo), cualquier análisis, repito, ha de hacerse atendiendo a la naturaleza crecientemente global de la economía mundial. Y en este sentido, es innegable que el marco en que compite la empresa española ha experimentado una profunda transformación a lo largo de los últimos decenios.
En este nuevo marco juegan un papel destacado la globalización, y concretamente la incorporación activa a la economía mundial de grandes países como China e India. Les invito a consultar la Monografía que presentó el Círculo de Empresarios el pasado día 17 de Mayo, titulada “La presencia española en países de fuerte crecimiento: China e India”, en la que se analizan las grandes posibilidades de futuro y las oportunidades que ofrecen estas dos economías emergentes para empresas e inversores españoles.
Volviendo a nuestro análisis, factores como la caída de los costes de comunicaciones y de transporte, la reducción de aranceles o la revolución tecnológica han traído consigo un cambio sustancial en la forma en que compiten las empresas. Se ha agudizado el fenómeno de la desintegración de la cadena de valor, que permite que las empresas puedan establecer cada segmento de su actividad en el lugar del mundo en que ésta se realice de la manera más eficiente.
La apertura e internacionalización de la economía española ha estado muy ligada a la integración europea, que ha sido la referencia clave y ha permitido introducir estabilidad macroeconómica y mayores dosis de competencia. En treinta años España ha duplicado su apertura comercial y financiera y se ha convertido en un importante emisor de inversión directa, si bien poco enfocada a las áreas de mayor crecimiento, esto es USA y Asia.
En términos generales podemos estar de acuerdo en que la internacionalización de la economía española ha tenido éxito hasta ahora, puesto que ha venido acompañada de esa estabilidad macroeconómica, de una profunda transformación de nuestro sistema productivo y de elevadas tasas de crecimiento y creación de empleo. Pero desde hace tiempo empiezan a aparecer síntomas de claro agotamiento del modelo, y el coste de no adoptar medidas de reforma del patrón de especialización sería muy elevado.
Nuestro diagnóstico del problema nos lleva a una clara prescripción: España precisa de un nuevo paradigma de competitividad y crecimiento.
España ya no puede seguir compitiendo mediante costes laborales más reducidos o vía precios, sino que debe abordar un cambio de modelo que se acerque al de los países más dinámicos. Concretamente en Europa, Irlanda lo ha hecho muy bien.
En ese nuevo modelo de futuro los principales instrumentos de competitividad son el conocimiento y la innovación. Y tenemos que reconocer que nuestro país está insuficientemente dotado de estos dos factores que son, precisamente, los que van a permitir a las empresas explotar las oportunidades de mercado e internacionalizarse maximizando así las ventajas que ofrecen las nuevas formas de organización empresarial.
Para que esto sea así, es preciso que la sociedad española sea consciente del enorme reto al que se enfrenta y asuma la necesidad de abordar reformas en ámbitos muy diversos. Además de garantizar la estabilidad macroeconómica, hay que mejorar la estructura impositiva y abordar el problema de la carga regulatoria que afecta negativamente a la productividad y que, en nuestro caso, se ve agudizada por la coincidencia de diversas administraciones, central, autonómica y local, regulando sobre los mismos ámbitos y elevando el riesgo de ruptura de la unidad de mercado.
Recientemente el Círculo se ha pronunciado públicamente sobre estos dos últimos aspectos, el fiscal y el marco regulatorio, a través de sendas publicaciones. Por un lado, con el documento titulado “La mejora de la competitividad y la estructura impositiva española” en el que consideramos el marco fiscal como uno de los elementos clave para contribuir a incrementar la competitividad de la economía española, y proponemos una serie de líneas estratégicas para intentar abordar los problemas de la competitividad desde un punto de vista tributario, en ámbitos como el ahorro, la inversión y la oferta de empleo.
Por otro lado a través de nuestro último Libro Marrón, que hemos dedicado este año al tema “Marco Regulatorio y Unidad de Mercado”, en el que destacamos que parece evidente que una mejora de las condiciones competitivas de las empresas requiere de un acceso a mercados de mayor tamaño, de una economía liberalizada y de un entorno regulatorio de calidad y proponemos una reflexión sosegada acerca de la influencia que una regulación excesiva y de baja calidad tiene sobre la competitividad.
A nuestro juicio, decimos en este Libro Marrón 2006, que también está disponible en nuestra página web, que a los ámbitos en los que tradicionalmente se vienen demandando reformas estructurales (mercado de trabajo, educación, política fiscal…) es preciso añadir otra cuestión horizontal de gran importancia: la calidad de la regulación.
Muy importante tambien, en el nuevo entorno en el que nos movemos, es la generación de capital humano, desde la educación a la formación continuada, puesto que se requieren personas con conocimientos sólidos y capacidad de adaptación. Y dado que el conocimiento sólo se genera en red, han de desarrollarse estrategias de colaboración entre diversos agentes, como empresas, universidades y otras instituciones, con vocación de medio plazo. Se trata, en síntesis, de potenciar la capacidad de innovar, puesto que el mero aumento de la inversión de I + D no garantiza que se produzcan avances equivalentes en la sociedad del conocimiento.
Estamos convencidos de que si se crea un entorno en el que puedan desarrollarse el conocimiento y la innovación, España continuará siendo un lugar en el que las empresas encuentren ventajas comparativas de localización. Al mismo tiempo, las empresas españolas tambien percibirán que la internacionalización de la producción no es sino una oportunidad para mejorar su capacidad de competir. Así lo han visto diversos fabricantes españoles de componentes del sector del automóvil que han instalado fábricas en Asia.
Uno de los sintomas más visibles de este fenómeno es la denominada deslocalización empresarial que tanto espacio ocupa en los medios y sobre la que me gustaría hacer algunas matizaciones. En primer lugar, el término deslocalización está cargado de implicaciones negativas que dificultan un debate sobre la cuestión. De hecho se tiende a hablar mucho de deslocalización, cuando una empresa decide cambiar de emplazamiento y dirigirse a otro país, y mucho menos de localización, cuando el movimiento es el inverso.
Tenemos que ser conscientes de que la fragmentación de la producción no es sino una estrategia empresarial hoy imprescindible, cuyo objetivo último es preservar o incrementar la competitividad de la empresa, lo que, en última instancia, garantiza su supervivencia.
Consecuentemente, carece de sentido adoptar medidas punitivas que traten de evitar este tipo de movimientos empresariales. Castigar a las empresas que opten por cambiar la localización de determinadas actividades es una estrategia contraproducente puesto que no evitará que avance un fenómeno imparable, pero sí será un poderoso desincentivo para aquellas empresas que estén valorando la posibilidad de instalar alguna de sus actividades en nuestro país.
Lo razonable y lo eficaz ante la deslocalización es llevar a cabo las reformas estructurales de que hablaba anteriormente, porque ellas posibilitarán que las empresas encuentren en España una buena localización para actividades en las que podamos ofrecer ventajas comparativas, sin duda relacionadas con actividades de mayor valor añadido.
Si bien es cierto que la determinación de los tramos de la cadena de valor en que se puede ser competitivo diferirá entre sectores (lo que podría precisar de medidas específicas en algunos casos), parece claro que elementos como la flexibilidad laboral, el incremento del capital humano, la capacidad de innovar y un adecuado marco fiscal y regulatorio mejoran el entorno empresarial y, por tanto, el atractivo de España como localización.
Estos son nuestros auténticos desafíos. Hoy ustedes van a reflexionar aquí sobre lo que la comunicación puede hacer para contribuir al éxito en este proceso. Seguro que todos tenemos, desde nuestro ámbito, algo que aportar. Ánimo y suerte.
Muchas gracias
Intervención Claudio Boada Pallerés encuentro ICEX-DIRCOM



Cargando...
